Sobre Arotxa

LAS CARICATURAS
Por Alicia Haber

"Nosotros vivimos en una realidad cósmica de narices, cejas, rictus, posturas físicas, gestos y ademanes" dijo Arotxa una vez ( reportaje "Vosotros y vosotras", diario El País, Montevideo, 17 de mayo de 1981).

En sus caricaturas, Rodolfo Arotxarena (Arotxa) juega con el parecido y las similitudes para crear una realidad ácida. Cada caricatura es una equivalencia plástica vinculada más a la identidad del personaje y a un sistema de códigos de relaciones, que al parecido literal. La visión es sincrética, no analítica. “Obviamente el realismo caricaturesco” sostiene Anton Ehrenzweig, “no está basado en el parangón analítico. Sus deformaciones son, sin duda, irreales y , a veces, no podrían ser reconocidas por separado como partes de un rostro humano. Pero todas juntas nos facilitan una visión global que puede recordarnos el modelo con bastante más acierto que un retrato convencional” .

Arotxa no imita rasgos individuales sino que configura claves. Atrapa con su ojo avezado cuestiones que el espectador común no ve, y a las que él nos permite acceder mientras se concentra en algunos atributos peculiares de sus “víctimas”. Son condensaciones de ideas, imágenes que atrapan al espectador. Los fragmentos de realidad elegidos por el ojo mordaz y la mano astuta de Arotxa representan el todo. Día a día, este dibujante afila su puntería porque sabe que, en un mundo saturado por la información, tiene que competir en su jornada periodística con rivales tan poderosos como la fotografías del reportero gráfico, y los textos de los redactores. Y sale muy airoso de la ordalía.

Arotxa hace “hablar” a las figuras sin recurrir al lenguaje escrito. Uno de sus libros se titula, precisamente, Sin palabras. Ya lo afirmaba el profeta del humor gráfico Rodolphe Töpffer en 1845 : “Hay dos maneras de escribir historias, una en capítulos, líneas, palabras, en lo que llamamos ‘literatura’, o como en una sucesión de ilustraciones, lo que llamamos la ‘historia pictórica’”.

En todos los casos hay una idea detrás. Por eso las imágenes de Arotxa son tan efectivas; es evidente que tiene una posición tomada respecto a la política y sus entretelones, a las dictaduras y a los totalitarismos. Sus trabajos son una declaración visual sobre su visión del mundo. Sardónico, muestra su indignación, su sentido del humor, su capacidad de asociación de ideas, su afilada mordacidad. Pero no le gustan los excesos; es punzante pero sutil, y su poder corrosivo está controlado por esa sutileza que defiende a capa y espada.

El rechazo de Arotxa a la dictadura militar que sufrió Uruguay (1973-1985), por ejemplo, se expresa también en libros como In memoriam en el que registra las caricaturas producidas durante dicho proceso militar, pero también durante los gobiernos de facto latinoamericanos de esa época. Desfilan en ese ejemplar imágenes a veces tan despiadadas como la realidad que las motivó, y el impulso paródico de Arotxa se desata con momentos de ferocidad. Así aparece la República internada en el CTI de un hospital, presidentes títeres efectuando el saludo fascista, los negros borrones de los militares que emitieron los comunicados No. 4 y 7, los encapuchados caminando hacia la tortura, las cruces de la economía castigada y la figura de Drácula del Ministro de Economía, o de su sucesor esgrimiendo un serrucho mientras le cercena las piernas a la enferma República. También se evocan las figuras de Pinochet como gorila, Stroessner con colmillos, Banzer como marioneta, la lamentable estampa de algún político que quería estar bien con Dios y con el diablo, usando a la vez uniforme y ropa de civil, y a los de pies de barro con alfileres de gancho en lugar de condecoraciones. Con su mirada inquisitiva Arotxa dejó un testimonio sobre la dictadura expresando su repulsa tajante, sin caer en la demagogia, ni abandonar su intensidad lacónica.

Arotxa tiene una prolongada dedicación a la caricatura política que desde hace años desarrolla con gran éxito en el diario El País de Montevideo. Hace suya la célebre frase de Peloduro (Julio Suárez): “la caricatura no es un género para adulones” y también se siente cerca de su admirado David Levine, quien alguna vez expresó: “Criticaré a todo el que suba al poder porque tiene el poder y debe cuidarse de él”. Entrenado por la práctica casi cotidiana de abordar la realidad política del país, Arotxa está siempre alerta. Sabe ridiculizar a los políticos más insignes del Uruguay con desparpajo y humor, sin detenerse ante el prestigio de las grandes figuras en una sociedad que a veces puede ser asfixiante, en un país pequeño donde todo el mundo se conoce y se encuentra con frecuencia, y donde las presiones de la autocensura juegan muchas malas pasadas. Con un humor punzante "editorializa" sin palabras sobre la política nacional, destacándose sobre todo en la creación de series temáticas que a veces llevan semanas o meses, y que quedan fijadas a la mente del lector. Toma una frase, una disputa electoral, una rivalidad partidaria, declaraciones de figuras políticas, o un hecho que sacude a la opinión pública, y lo maneja desde su peculiar óptica. Lo más saludable es la irreverencia con la que desnuda a una determinada gama de actores de la escena política, apuntando a lo que a veces se disfraza detrás de la ampulosa retórica de las ideologías, y de las grandilocuentes frases usadas en ocasiones para defender posturas partidarias. Así aparecen los excesos ególatras, las maniobras, el populismo, la demagogia, el paternalismo, las ambiciones, la soberbia y la manipulaciones de la opinión pública. El aguijón de Arotxa es muy eficaz .

Los hermanos Carracci ( y en particular Annibale Carracci) inauguraron esta tradición en la Italia del siglo XVI inventado el “caricatura” (que viene del italiano caricare, cuyo origen etimológico es “cargar”). El mismo Annibale Carracci sostuvo: “¿No es la tarea del caricaturista exactamente la del artista clásico? Los dos ven la verdad perenne detrás de la superficie de la mera apariencia exterior. Los dos tratan de ayudar a la naturaleza a llevar a cabo su plan. Uno puede tratar de visualizar la forma perfecta y plasmarla en su trabajo, el otro aprehende la deformidad perfecta y así revela la esencia absoluta de la personalidad. Una buena caricatura, como toda obra de arte, es más parecida a la realidad que la vida misma”. La caricatura siempre ha sido el producto de creadores; a los Carracci siguieron otros ilustres artistas que hicieron de la caricatura una forma de expresión mayor como Bernini, Hogarth, Daumier, Rowlandson, Gillray, Goya, Cruikshank y Doré, iniciando una línea expresiva que ha tenido gran auge, que sigue atrapando hoy a los lectores con exponentes muy famosos de todo el mundo. Uruguay no es aejno a esta tradición, con caricaturistas de la talla de Diógenes Hequet, Carlos Federico Sáez, Rafael Barradas, Hermenegildo Sábat, Aurelio Giménez Pastor, Orestes Acquarone, Juan Sanuy, Carlos Schütz, Julio Suárez, Hermenegildo Sábat (nieto célebre del dibujante de fines del siglo XIX), Jorge Satut, Jorge Centurión, Leonardo Galeandro, Fermín Hontou, Pancho Graels, Horacio Guerriero o Domingo Ferreira, para nombrar algunos ejemplos de una lista mucho más vasta. Arotxa en particular se vincula con la estética de Sábat, a quien rinde homenaje con frecuencia tanto en forma verbal como en dibujo. Acres y mordientes podrían ser definidas con la frase de Ernst Gombrich: “ofrecen una interpretación visual de una fisonomía que nunca podremos olvidar, y que la víctima llevará con ella como un ser embrujado”.

Visite las caricaturas de Arotxa
Biografía de Arotxa


Copyright © EL PAIS


Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización.
Para autorización enviar mail a:
muva@diarioelpais.com